Francisco Javier Rodríguez Barranco – Zonazine y Estrenos Especiales en el Festival de Málaga

            Ya que la sección oficial del Festival de Málaga, un certamen concebido para el escaparate y los farolillos, ofrece lo que ofrece, uno no tiene más remedio que abrirse a otras opciones.

            Antes se disponía de la sección Territorio Latinoamericano como una válvula de escape, pero a partir de este año se la han cargado en aras a no se sabe muy bien qué, puesto que si ya el criterio lingüístico resulta difícilmente sostenible (no es español lo que se estudia en los institutos de Secundaria, sino Lengua Castellana; no es el español lo que santifica la Constitución, sino el castellano, etc.), lo mínimo que se puede pedir es que el comité de selección de películas sea coherente con dicho criterio, siendo así que en un mismo día he visto filmes en tres lenguas diferentes: español, naturalmente, catalán y portugués. Antes ya había visto una en inglés.

            Cuando hemos visto películas españolas en la sección oficial del Festival de Málaga, infraproductos televisoides, cuya proyección causaría rubor incluso en salas comerciales, lo mejor, sin duda, de dicha sección oficial han sido los largometrajes latinoamericanos, pero no con la fluidez y abundancia a que estábamos acostumbrados de ediciones anteriores.

Zonazine

Imagen de Blue Rai

            Así, pues, hubo que buscar otras opciones como decía al principio y dirigí mis pasos a las secciones Zonazine y Estrenos Especiales.

            Zonazine se concibió como una sección a concurso con el denominador común de cine experimental, toda un respaldo al cine que se sale de los cauces habituales, que me parece extremadamente positivo, por más que muchas de las propuestas de esta sección nos descoloquen e incluso nos desasosieguen en ocasiones.

            Dentro de esta sección he visto este año lo siguiente:

            No quiero perderte nunca, de Alejo Levis, profundiza en el mundo de las pesadillas obsesivas donde las imágenes mentales de una joven lesbiana se pueblan con alucinaciones relacionadas con la desaparición de su madre. No vemos escenas escabrosas ni sangrientas, sino tan sólo la recurrencia de pasajes aterradoramente alterados, pero es obvio que un cierto complejo de Edipo flota en el ambiente. Se trata también de un largometraje con muy poco diálogo, puesto que casi todo se narra con imágenes. Se trata, en definitiva de la angustia de reconciliarse con el pasado narrado sin tapujos.

            Demonios tus ojos, de Pedro Aguilera, realiza un análisis decidido de la pérdida de la inocencia y el advenimiento al mundo de las perversiones en las que las grabaciones con una cámara web adquieren particular importancia, desde el momento que el protagonista, que goza de una carrera como director de cine en Los Ángeles, descubre a su hermana, poco más que una adolescente, en una página de grabaciones pornográficas. Son las tensiones incestuosas lo que se ofrece, contadas sin timideces ni disimulos. Una película, por lo tanto, que puede resultar incómoda a los espectadores poco proclives a las emociones fuertes, pero de lo que se trata es de hacer cine, no una exégesis de los buenos modales.

            Blue Rai, de Pedro B. Abreu, desde su mismo título, que juega con el nombre del protagonista, es decir, Rai, nos anuncia su voluntad de referirse al mundo de los vídeos. En rueda de prensa, el director expone que se trata de una comedia romántica con muchos guiños a otros filmes (Origen, Clerks, Tarde de Perros, Pulp Fiction, Alta fidelidad, entre los más evidentes), donde el protagonista vive en un mundo de VHS, un joven vintage, cuando ya la sociedad ha evolucionado al blue-ray. Pedro Abreu considera que se trata de una obra para que el espectador se lo pase bien, lo que se logra con creces, pero lo verdaderamente interesante es la manera de contar la historia, totalmente innovadora a pesar de apoyarse en numerosísimos largometrajes anteriores. Una excelente muestra de creatividad. ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por amor? Ésa es la pregunta a la que pretende dar respuesta esta comedia.

            Y dentro de la sección Estrenos Especiales he visto Mil cosas que haría por ti, de Didac Cervera, que ya se anuncia en VOSE en el programa oficial, puesto que una vez más no se trata de una obra en español: Mil coses que faría per tu en el título original.

             ZonazineLa verdad es que no tiene uno una idea muy clara de en qué consiste esta sección de Estrenos Especiales, pero el caso es que gracias a ella podemos disfrutar de películas como ésta, cuyo hilo conductor, básicamente, es el mismo de Blue Rai: ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por amor? Y también coincide con esta película en el tratamiento innovador de la historia, con innumerables guiños al espectador, con quien se dialoga constantemente, algo que ya en el teatro, a cuyas representaciones asisten las personas en persona, valga la redundancia, resulta vanguardista, con mayor motivo en el cine, donde, obviamente, los espectadores no están presentes en el momento del rodaje. Con esos argumentos, una comedia romántica y un tratamiento innovador se gesta Mil coses que faría per tu, otra de las agradables sorpresas de esta Festival.

          Esta producción comparte con Blue Rai el tono de comedia de amor y la innovación narrativa, pero se diferencian en la puesta en escena, pues mientras prácticamente toda la película de Abreu transcurre en un videoclub, un nostálgico videoclub, como decíamos antes, pleno de carátulas de VHS, la de Cervera discurre a un ritmo trepidante de thriller.

          Hay futuro para el cine, naturalmente que lo hay, y los cuatro títulos que he enumerado brevemente en esta reseña así lo demuestra. Creatividad pura es lo que podemos conseguir cuando el Séptimo Arte se concibe precisamente como esto: un arte. Pero, por favor, que nadie se ofenda con mi pseudo-blasfemia, pero que alguien expulse a los mercaderes de la actividad cinematográfica. En el mundo de la literatura han aposentado sus reales toda una serie de páginas encuadernadas con letras en ellas (me resisto a utilizar la palabra “libros” para esas cosas), que se mueven por el terreno trillado de historias análogas, comercialmente exitosas. Esperemos que no le suceda lo mismo al cine, que todavía quede margen para la creatividad.

           Y yo creo que todo esto debería ser tenido muy en cuenta por el Festival de Málaga, cuya sección oficial ha logrado la cuadratura del círculo: ser un Festival comercial.

          Hace poco escuché en una entrevista radiofónica a Carlos Pumares en Radio 3 que los Festivales son el último refugio del cine, dando a entender con ello que la calidad está en estos certámenes. Y la cosa más o menos funcionaba: los espectadores cuya ambiciones estéticas no van más allá de lo comercial, tienen un sinfín de salas de este tipo, mientras que quienes buscamos arte en las pantallas disponemos de festivales y de cines en versión original, no demasiados, pero bueno, es lo que hay.

            Lo que me parece injustificable, sin embargo, es que la sección oficial de un Festival que aspira a serlo, se convierta en un pastiche comercial, puesto que de los filmes que componen dicha sección, no todos han sido calificados aún en filmaffinity, pero ninguno de los que sí lo ha sido supera el 6 de nota media, algunas incluso están por debajo de 5, siendo así que con arreglo al baremo de filmaffinity el 6 es la nota de las películas regulares.

            ¿Qué cómo se soluciona esto? Pues yo creo que la solución salta a la vista: potenciemos las propuestas de las escuelas de cine y que el tipo de películas innovadoras, alternativas, que pueblan las secciones Zonazine y Estrenos Especiales compongan la sección oficial. Puede estos largometrajes que sean menos glamurosos. Puede que estas propuestas casen mal con la alfombra roja, pero son cine.

        Ah, que queremos mantener las siglas FMCE, donde la E antes era de “español” y ahora de “en español”.  Así de entrada, lo de que la palabra “Cine” aparezca en el nombre oficial en tercer lugar y detrás de un punto y seguido, algo así como una especie de subtítulo, me parece bastante ilustrativo acerca de cuáles son las verdaderas intenciones de los organziadores del evento. Pero, bueno, nada más fácil que mantener esas siglas: ¿qué tal Festival de Málaga. Cine Especial? ¿O quizá Festival de Málaga. Cine Experimetal? Preferiría FCEM (Festival de Cine Experimental de Málaga), con independencia de en qué lengua estén rodados los largometrajes, pero hay que ser realistas.

          No sé, se trata simplemente de que un festival de cine tenga películas. No creo que sea pedir demasiado.