Francisco Javier Rodríguez Barranco

Nos acomodamos en el espacio exterior para la presa que la organización del Festival ha preparado en uno de los costados del Teatro Cervantes. Vicky lía un cigarrillo. Durante el largometraje, en su papel de Mercè Rodoreda, fuma constantemente.

Javier: Cuando hablamos de crisis en el cine, generalmente hablamos de crisis económica o crisis de espectadores, pero ¿no estaremos quizá ante una crisis creativa? Porque antes la televisión se nutría de personas con mucha experiencia en el cine o en el teatro, pero ahora, cualquier chavalito pega el pelotazo en una comedia intrascendente de televisión y da el salto al cine.

Vicky: Se cruzan varias cuestiones. Por un lado es evidente que las televisiones, así como internet e incluso otros medios con pantallas más pequeñas ha variado el perfil del espectador, los tiempos han cambiado mucho, y ahora la cosa es mucho más visual y se atiende a cuestiones más físicas o más estéticas. Pero eso no quiere decir que los actores no tengan una formación. Hay mucha temática juvenil, muchísima, y entonces, pues evidentemente han de ser interpretadas por actores jóvenes. Pero esta carrera nuestra de la interpretación es una carrera de fondo y alguno de los que han empezado y han triunfado muchísimo en un determinado momento, luego se han pegado un batacazo. Los que están interesados en continuar en el oficio, se forman, se preocupan, intentan bregarse y continúan con mayor o menor fortuna. Lo que yo creo es que aquí lo que es perverso de algún modo es la oferta cultural que se hace desde las televisiones y a veces desde el cine, porque más lo que los contenidos, lo que se busca es la comercialidad, y eso no es culpa de los actores, sino de los productores o de los distribuidores, y también mucho de la sociedad que equipara cultura a espectáculo, espectáculo a entretenimiento, y del entretenimiento qué se puede decir. Es un problema grave.

Javier: Tengo la impresión de que los directores que empezabais a tener una madurez creativa en la transición os habéis quedado como ensandwichados entre los grandes nombres previos, como Mario Camus, Carlos Saura, Berlanga, Bardem, etc., y la explosión juvenil que hubo a principios de los ochenta, y que vosotros no habéis recibido el reconocimiento que merecéis.

Ventura: Pues, oye, si después de seiscientos cincuenta Festivales en el mundo, veintiocho retrospectivas, en Londres, en el Lincoln Center en Nueva York, en Los Angeles, dos en Buenos Aires, dos en Estambul, no sé cuántos sitios en el mundo, la Cruz de Sant Jordi, si esto no es tener un reconocimiento. Otra cosa es que esto llegue a la gente, y si no llega no es culpa mía, ¿qué quieres que te diga? Yo he intentado ser honesto.

Javier: Claro, si eso es a lo que voy, que hay una generación después de la vuestra que arrasó.

Ventura: Porque son tiempos distintos, porque cada director es especial. Por ejemplo, yo tengo una carrera internacional muy fuerte. Soy el único director del mundo que ha sido cinco años consecutivos Selección Oficial en la Berlinale y he hecho nueve Berlinales en mi vida. Si esto no llega a la gente, no es culpa mía. La prensa también tiene su responsabilidad (mientras clava su mirada en mi mirar). Soy el tío más feliz del mundo y me quedo con lo que tengo. Yo de pequeño quería hacer una película y he hecho veinticinco. O sea que he sido veinticinco veces más feliz de lo que ese crío pensaba que era la felicidad. Y nadie me ha regalado nada, pero soy consciente de que soy un privilegiado de poder dedicarme a lo que me gusta y comer de esto.

Javier: ¿Cómo preparasteis la película, porque Mercè decía que le gustaba el teatro, pero el filme parece una puesta en escena en las tablas?

Ventura: Sí, parece una obra de teatro, pero muchas películas de Bergman también lo parecen y La huella, de Mankiewicz, también lo parece y muchas otras. A mí el teatro me ha influido mucho, pero sobre todo por una cuestión temática, porque yo creo que los temas que plantea al teatro va muy por delante de los temas que plantea la gente de cine. Entonces ese placer por historias que no son las normales sí que me viene del teatro. Yo creo que el teatro va unos cuantos pasos por delante del cine y en todas las sociedades.

Javier: ¿Quién preparó el guion de Un berenar a Ginebra?

Ventura: Lo he escrito yo con un master total y absoluto, pero no en ésta: en todas las películas que hago. Si no sé de verdad lo que voy a contar, me siento falso.

Vicky: Todo lo que se ha puesto en boca de la Rodoreda lo ha dicho la Rodoreda, en entrevistas escritas o de televisión y Ventura ha ido entresacando el texto de esas entrevistas.

Javier: Lo que sí es cierto es que sin que salga ninguna escena de guerra, yo he sentido el horror de la guerra con una nitidez como pocas veces, cuando cuenta que tuvo que exilarse y lo mal que le fue en Francia, teniendo que caminar tantos kilómetros al día, con las bombas de los Stukas, yo he sentido todas esas atrocidades con enorme claridad.

Ventura. Pues es lo que se pretendía.

Javier: Pero yo creo que cuando ella invita a merendar a Castellet y a Isabel y empieza a hablar como pocas veces lo había hecho antes, después de haber padecido todo lo que había padecido y de haber perdido a su pareja pocos años antes, lo hace en un momento en que no siente odio por nada ni por nadie. Es como si se hubiera reconciliado con la vida. Es como si hubiera firmado la paz con el mundo.

Ventura: Ella estaba todavía con el dolor por la muerte de Obiols, pero estaba en un momento de transición. En un momento en que se estaba haciendo la casa famosa que se estaba haciendo. Ella se escondía de la gente. Bueno, todos somos como somos y ella su mundo es la creación.

Vicky: Ella estaba en una lucha interna consigo misma y con la sociedad literaria, el tiempo que le tocó vivir, pero de algún modo en esta entrevista ella está relajada con una gente con la que puede disfrutar de verdad y quizá esa sensación que tú dices que parece que ha firmado la paz, no. Realmente es un islote de franqueza y sinceridad en que ella se explaya sorprendentemente.

Javier: Es que, a pesar de ser una mujer que ha sufrido dos guerras en primera persona, la película me transmite mucha paz.

Ventura: Hombre, muchas gracias. Es que con una interprete como Vicky.

Javier: Y con la dirección.

Ventura: Bueno, bueno, pero cuidado, porque los intérpretes son básicos.

Y la entrevista continúa charlando sobre la dimensión literaria de José María Castellet, algunos papeles anteriores de Vicky Peña, etc. Por lo que a mí respecta, ha pasado más de una semana desde que vi Un berenar a Ginebra, conversé luego con Vicky Peña y Ventura Pons, y cuanto más recuerdo la película más ganas tengo de volver a verla.