Francisco Javier Rodríguez Barranco reseña Thelma

             ThelmaSi nos atenemos a la ficha técnica oficial de Thelma (2017), de Joachim Trier, conceptos como lo sobrenatural, la adolescencia o la homosexualidad surgen por sí mismos, y no van desencaminados quienes observen esas posibilidades en la cinta que nos ocupa, pero ya también en dicha ficha técnica se alude implícitamente a lo que quiero destacar en este comentario. Cito literalmente, referido a Thelma, la joven protagonista: «cada vez que siente algo, causa desastres», lo que desde luego admite un análisis desde lo sobrenatural, la adolescencia o la homosexualidad, pero creo que hay ir más allá, puesto de lo que este filme de Trier nos habla es de la percepción distorsionada de la realidad de las personas que padecen (en realidad casi todas las que pertenecemos a la órbita judeocristiana) el sentimiento de culpa.

                En una obra mítica al respecto, pionera de los manuales de autoayuda que tanto han proliferado en nuestros días, como Tus zonas erróneas, de William Dyer, dedica a los sentimientos de culpa (el sufrimiento por el pasado) y preocupación (el sufrimiento por el futuro) el capítulo V, titulado precisamente así: «Las emociones inútiles: culpabilidad y preocupación». Y es así como se inicia el epígrafe dedicado a la culpa:

Somos muchos los que hemos sido sometidos a una verdadera conspiración de culpabilidad en nuestras vidas; una conspiración no premeditada pero muy eficiente destinada a convertirnos en verdaderas máquinas culpables. La máquina funciona de la siguiente manera. Alguien emite un mensaje destinado a recordarte que has sido una mala persona por algo que dijiste o no dijiste, sentiste o no sentiste, hiciste o no hiciste. Tú respondes sintiéndote mal e incómodo en tu momento presente. Tú eres la máquina de culpabilidad. Un aparato que respira, habla, camina y reacciona con cargas de culpabilidad cada vez que le echan el combustible apropiado. Y debes estar bien aceitado si has estado totalmente inmerso en nuestra cultura que es una cultura productora de culpas.

         Desde luego que no es batiendo las misma penas una y otra vez cómo evolucionan las personas o las sociedades.

Thelma

Thelma

           Ahora bien, ¿qué es lo que causa el sentimiento de culpa en Thelma? Ya lo hemos adelantado, más o menos: cada vez que siente algo, causa desastres; puesto que la joven protagonista de este largometraje se ha criado en el seno de una familia extraordinariamente carente de sentimientos, extraordinariamente religiosa. De alguna manera, con el pan nuestro de cada día, los padres han inoculado a Thelma el virus de la vida entendida como pecado. Vivir mancha, eso ya lo sabemos. Es imposible llevar una vida aséptica, por la más elemental de las razones: una vida concebida en esos términos no es vida y a duras penas podemos considerarla una mera existencia. Incluso el agua, origen de toda vida, ha de contener impurezas para que cumpla su función: el agua destilada es insuficiente para mantener el aliento vital.

Thelma          Por ello, Thelma, una vez que abandona el hogar familiar para iniciar los estudios universitarios, de manera totalmente contraria a su voluntad, y es muy triste decir esto, empieza a contagiarse de la vida, lo que le provoca un dolor insufrible. En su caso, además, la cuestión se agudiza cuando inicia una relación con otra joven, que además pertenece a una cultura diferente. A partir de ahí desciende a un mundo de pesadilla, que es lo que Trier retrata en su película, puesto que a lo que el espectador asiste es al desarrollo en imágenes de toda la tortura interna que padece la protagonista.

                Thelma¿Hay elementos sobrenaturales? Afirmativo. ¿Se trata de las vivencias de una chica adolescente? Sin duda, pues Thelma acaba de iniciar los estudios universitarios, de donde cabe inferir que su edad no va más allá de los diecinueve años, con toda la fragilidad que eso implica en cualquier caso, pero sobre todo en el de alguien que, insisto, ha sido educada para no vivir, más bien para desarrollar una existencia insípida de pasiones extirpadas. ¿Aborda este largometraje el tema de la homosexualidad? Naturalmente que sí. ¿No acabamos de decir que Thelma inicia una relación con otra joven? Pero todo ello no son nada más que los pilares necesarios para sostener el tormento íntimo de quien se siente culpable por sentirse viva. De ahí que los elementos sobrenaturales a que aludía al principio de este párrafo no son naturales, valga la redundancia, no son reales, siga valiendo la redundancia, sino que se corresponden a la percepción deformada del mundo que Thelma padece en su interior. Imágenes de su alma torturada.

Thelma

Thelma

           Hace más de veinte años, concretamente en 1995, Patricia Rozema dirigió la magnífica cinta Cuando cae la noche, que también aborda la cuestión de las relaciones lesbianas entre una joven, en este caso ya instalada en la veinteañería y con intenciones de casarse, con todo el peso que la rigidez católica ha impuesto en la zona francófona de Canadá, y una artista de circo, que también pertenece a otro origen étnico. Sin duda la principal diferencia entre uno y otro filme es que el de Trier es mucho más metafórico en el sentido de bucear, según hemos venido comentando en las líneas anteriores, en las plasmaciones propias de la tortura personal, mientras que el de Rozema indaga en las posibilidades (ilusión, duda, desconcierto, valentía) que un delicioso amor como el que retrata en su película permite.

  Thelma       También podríamos recordar otro largometraje con una enorme carga de religiosidad castrante como Fanny y Alexander (1982), nada menos que de Ingmar Bergman, como todos sabemos, pero no es que Trier quiera enmendar la plana al director sueco (vamos, no creo), pero la originalidad en el caso de Thelma consiste en que nada de lo que vemos en pantalla se corresponde a la realidad sensorial, siendo así que Bergman sitúa la cámara para que veamos los hechos tal cual en micromundo construido alrededor de rigideces irracionales, valga una vez más la redundancia. El tutor en Fanny y Alexander impone un modo de vida. Los padres en Thelma han renunciado al aliento vital.

 Thelma         ¿Cómo se soluciona todo? Pues escupiendo al pájaro negro que había anidado y crecido dentro de Thelma en una escena cargada de intención, pues eso exactamente lo que vemos en pantalla: la chica expulsa un pájaro negro por la boca, pero en el cine muchas veces es más rico lo que no se ve, dado que esa negrura interior que la joven consigue soltar cuando ya sus pesadillas están a punto de hacerle estallar la cabeza ha de recordarnos necesariamente a la bilis negra, que según la tradición milenaria era la causante de las grandes aflicciones del alma: dos fluidos consideraron los griegos que dieron lugar a dos «humores» independientes, la bilis amarilla (χoλ¬ ξαvθή) y la bilis negra (μέλαιvα χoλή = μελαγχoλία)[1]. «Melan», lo negro, porque «la enfermedad llamada “melancholia” se caracterizaba principalmente por síntomas de alteración mental, que iban desde el miedo, la misantropía y la depresión hasta la locura en sus formas más temibles»[2].

 Thelma        De la misma manera que podríamos hablar de la constante presencia del agua en la cinta que nos ocupa: agua congelada, agua en estado líquido, el agua domesticada de la piscina, porque si el agua tiene el protagonismo que tiene, no es por casualidad, sino que esto la vincula con la iconografía clásica sobre la melancolía, donde el agua es símbolo habitual de la tristeza mórbida y Acuario, uno de los dos signos zodiacales de Saturno, Crono en el original griego, dios del tiempo y señor de la melancolía. Por ello, necesitamos recordar la leyenda que consta en una de las muchas representaciones medievales de Saturno y sus hijos: un grabado de la segunda mitad del siglo XV, atribuido a Maso Finiguerra, donde, entre otras cosas, se afirma que Saturno tiene dos domicilios, de día Capricornio, de noche Acuario[3], sin que pretendamos extendernos en estas consideraciones, que pueden parecer esotéricas, pero han formado parte esencial del corpus ideológico de occidente durante varios milenios.

Thelma

Thelma

         Humor atrabiliario, pena negra, que nos aleja de la realidad y nos impone un mundo de sufrimientos indecibles, totalmente injustificados.

        ThelmaPor ello, creo sinceramente que pocas películas como Thelma han descendido con tanta eficacia a la profundidad de la sima de la culpa y han mostrado cómo ven la vida quienes viven dominados por una emoción tan inútil como ésta.

     [1] Cf. R. Klibansky, E. Panofsky y F. Saxl, Saturno y la melancolía, Madrid, Alianza, 1991, p. 34. El momento a partir del cual se empieza a considerarse la bilis como constituida por dos «humores» independientes lo sitúan estos autores (páginas 33 y 34 del libro recién citado) en el importantísimo tratado De la naturaleza del hombre, que los antiguos atribuían a Hipócrates o a su yerno Polibio, y que en cualquier caso no fue escrito después del 400 a. C.

     [2] Ibídem, p. 38.

     [3] Ibídem, p. 208. La lámina de Maso Finiguerra aparece en la figura 40 de este libro.