Mario Chávez Guzmán – ¿Rita Hayworth o Gilda?

(dibujos de Mario Chávez Guzmán)

           Recuerdo la primera vez que vi Gilda, con Rita Hayworth, fue una experiencia única,  sentí como si todo fuese oscuro a mi alrededor y la televisión iluminase todo el lugar con ella como protagonista, como si ella pusiese luz en lo opaco y triste (no era una oscuridad de colores, sino una emocional), un eclipse de sentimientos; anteriormente, me habían hablado de Rita, la había visto bailar por televisión en documentales, biografías, pero no había visto nunca una película sobre ella, no obstante siempre sentí un aprecio hacia ella, una gran curiosidad por saber a qué se debía esa mirada tan misteriosa, tan única, esa forma en la cual, ella tenía de poseer al espectador con su talento, esa capacidad de hacerte sentir que su historia se puede relacionar a la tuya.

         Intuía ese deseo tácito de ella, de huir, tal vez del cine, de Hollywood, de la vida, me la imaginaba corriendo, dejando todo atrás, no sé si ese era mi ideal o en verdad, la sentía pues, yo siempre la percibí esquiva, distante, alejada; percibía miedo, mucho miedo, sin embargo, por momentos parecía dominar el mundo, tenerlo a sus pies,  esa combinación entre el miedo y la fortaleza, esas pestañas largas y edénicas, esos labios, toda ella en conjunto, creo la hicieron un icono.

          Entonces, confirmé todos mis pensamientos viendo Gilda, por supuesto, como Marilyn Monroe en Con faldas y a lo loco, o Greta Garbo en Grand Hotel o Ninotchka, Gilda hizo esperar su presencia, no salió de inmediato, pasaron largos minutos, pero cuando nos hizo saber que estaba presente y que lo estaría más de setenta años después en nuestras mentes,  lo hizo con un simple e inolvidable movimiento de cabello, era poesía en acción; luego, vinieron escena, tras escena, en todas lucía impecable, precisa, en cada escena iba dejando huella en la historia del cine, lo más resaltante resulta saber, que para convertirse en un ícono sexual, una diva del cine, solo necesitó quitarse un guante.

          Hoy vemos millares de desnudos en las revistas, el desnudo femenino se ha vuelto un hecho cotidiano, el cuerpo de la mujer y sus formas jamás fue tan explotado, pero Rita tan solo deslizó un guante, era un desnudo minimalista, un desnudo tan superficial, pero tan histórico como ningún otro. Sin embargo, ella adoraba a Gilda y a la vez le temía, porque ese personaje la perseguiría gran parte de su vida, la veían como una diosa Venus, la encarnación del placer, del sexo, de las fantasías, pero ella no quería ser eso, tan solo quería ser Rita, ser amada por Rita y no por Gilda, aunque, es difícil llegar a Gilda sin pasar por Rita; sin embargo sabemos muchas cosas sobre Gilda pero, no lo sabemos de Rita.

          Gilda está allí para disfrutarla, para pensar en ella, encandilarse, soñar, o tan solo para escribir acerca de sus hazañas, Gilda está allí para analizarse detenidamente, desde el guante hasta los labios, del cabello hasta el caminar, de la pasión al miedo; sin embargo es como si ella fuese guardiana de Rita porque, por fijarte en Gilda, olvidas a Rita, y en el fondo, se sabe poco de Rita Hayworth, no se concedían tantas entrevistas en ese entonces, no hay suficientes archivos para descifrarla, más aún su hija, la princesa Yasmin Aga Khan, no da tanto detalle sobre su célebre madre, mantiene un cortés silencio. Ante tal ausencia de saberes del cine,  aparece Gilda, porque a ella podemos conocerla o pretender que lo hacemos, allí está Gilda protegiendo a Rita, allí está Gilda bailando por Rita, allí está Gilda para recordarnos a Rita.