Enrique Gallud Jardiel – reseña en verso de El vuelo (2012), de Robert Zemeckis

vueloUna película he visto

que me ha llenado de espanto.

Se titula Flight [El vuelo]

y el piloto es Denzel Washington.

¿De qué va? Pues de un avión

que despega y se hace cachos,

y lo que pasa después

cuando ya están los finados

en sus cajas respectivas

de ébano o de palosanto,

cuando ya ha puesto tiritas

a los heridos y cuando

las compañías de seguros

se han responsabilizado

unas a otras por ver

quién es la que paga el pato.

vuelo

¿Por qué sucede el percance?

El avión era un cacharro

y tenía un fuselaje

que se hallaba fabricado

con diez por ciento de acero

y otro noventa de plástico.

Se rompe. La culpa es

de un tornillo desgastado

que alguien tenía que cambiar

y no lo cambió, ¡el muy vago!

vueloSe le atasca un alerón

y el bicho cae en picado

llevándose por delante

la torre del campanario

de una iglesia metodista

(o a lo mejor es de cuáqueros,

no lo sé: no estoy seguro)

y veintisiete tejados

con todas sus chimeneas

y sus respectivos gatos.

Un viandante, con su móvil,

graba todo el castañazo

lo vende a televisión

y se marcha a las Barbados

a relajarse y gastarse

la pasta que le han pagado.

vuelo

Volviendo de nuevo al tema

que nos concierne: lo malo

no es sólo que nuestra vida

pueda depender en algo

de un tornillo más o menos,

sino que suelen los hados

inventarse otros peligros

de resultados dramáticos.

Pues resulta que el piloto

no sólo estaba borracho,

beodo, curda, ebrio, merluza,

bebido y alcoholizado,

sino que no había dormido

en cuatro días ni un rato,

pues por tener muy buen tipo

y ser bastante simpático

vueloa una azafata morena

—que cumplía con el canon

de proporción corporal

que nos legaron los clásicos

que sabían mucho de eso—

se la había trajinado

durante un día y dos noches

sin salir de su habitáculo

ni para tomar café

y se hallaba un tanto exhausto.

Y por si esto fuera poco

iba el hombre colocado

por ingerir varias hierbas

(o todo un jardín botánico).

vuelo

Sus orinas le delatan.

Va a prisión para un buen rato.

Vuelve con él su ex-mujer

(porque estaba divorciado),

cosa que, en fin, no se explica

tras los cuernos y el tortazo.

Le vemos cumplir condena

durante un porrón de años.

pero no nos conmovemos,

porque nos importa un rábano.

 

vueloEl film está muy bien hecho:

es realista, demasiado;

porque ver lo que nos muestra

en su sucinto relato

le hace a uno preguntarse:

¿en manos de quién estamos?

(Y no me refiero al Con-

greso de los Diputados.)

vuelo¿Quién juega con nuestras vidas

así, sin que lo sepamos?

¿Qué peligros nos acechan?

¿Qué trolas nos han contado?

¿Son seguros los aviones?

¿Y los trenes? ¿Y los barcos?

¿Los coches? ¿Las macrofiestas?

¿Los alimentos? ¿Los fármacos?

Señores: yo no sé ustedes,

pero yo estoy mosqueado

y ello me da en la nariz

que es preferible ignorarlo.