Francisco Javier Rodríguez Barranco – Madres de nuestros días en Mi amiga del parque

           MadresY el caso es que a mí me habían dicho que los parques acompañados de un bebé son el espacio y el momento idóneos para establecer nuevas relaciones —vulgo, ligar—, pero lo que Mi amiga del parque (2015), de Ana Katz, que hace el papel de Rosa en el filme, nos ofrece es una visión totalmente diferente de ese contexto paradisíaco en el imaginario colectivo, sobre todo masculino. Más que diferente, lo que esta película plasma son opciones inesperadas de algo que, en teoría, se presta poco a la imaginación.

            Incluida dentro de la Sección oficial de Territorio Latinoamericano en la edición de 2016 del Festival de Málaga, Mi amiga del parque es un largometraje poco largo, puesto que dura 75 minutos aproximadamente, y ése es el principal reparo que se le puedo oponer a esta co-producción argentina-uruguaya: que se queda en el planteamiento, que no llega al nudo, ni muchísimo menos al desenlace. Quizá se interne uno en el nudo, pero en el desenlace nunca. Total, que el espectador se queda con ganas de conocer mejor a las madres que aparecen en pantalla, lo que puede parecer positivo, pero no lo es tanto en este caso, porque la sensación es de algo no terminado: no se trata, pues, de un proyecto fallido, sino, a mi entender, de una propuesta inconclusa.

            MadresPero, vamos a valorar lo bueno que ofrece, que no es poco, como son las magníficas actuaciones de Julieta Zylberberg en el papel de Liz y Ana Katz en el de Rosa, como ya comentamos. Otra cosa que me ha gustado mucho es que en determinado momento parece que se va a desarrollar como un thriller, pero no es así, sino que la intención de la directora, que también trabaja en guion, junto a Inés Bortagaray, va por otro lado: se trata de un ligero desajuste con la sucesión lógica de los acontencimientos, según estamos acostumbrados a que se sucedan.

             Liz es una madre abnegada, que está llevando sola la crianza de un bebé —ya se ve que en esta edición del Festival de Málaga el tema de la infancia ha sido el gran protagonista—, dado que su marido está en Chile rodando un documental sobre un volcán y no tiene otra familia que la pueda ayudar. Y en ésas se halla cuando conoce casualmente a Rosa en los columpios del parque, de donde arrancan todos los acciones que luego se dan, que no son los habituales.

            Para empezar Rosa, si bien de manera confusa, da a entender que es la madre de la niña que está columpiando —juro que lo da a entender, aunque sea de manera confusa—, pero no es ella en realidad, sino que la niña, Clari, también bebé, como Nico, el hijo de Liz, es hija de Renata, la hermana de Rosa, de ahí que las llamen las hermanas R. Incluso Rosa sufre como una madre cuando Renata no aparece con Clari. Comprendemos luego que Clari es hija de Renata, pero hasta ese momento el espectador sufre empáticamente con Rosa. Madres incoherentes.

             MadresOtras ligereas incoherencias es que Renata, porque le da el punto, se pone a limpiar a fondo el apartamento de Liz, totalmente gratis, previo pago de 100 pesos semanales; Renata porta un revólver que todos pensamos que es de verdad —de ahí que el espectador acaricie en la mente la idea de un thriller—, pero luego comprendemos que es de mentira, muy similar a los auténticos, pero de juguete; Renata se ha enamorado por internet con un joven que vive a 180 km, y Liz no ha conducido nunca en carretera abierta, lo que no obsta para que Rosa le pida que les lleve a verle, es decir, que les lleve a todos: Rosa, Renata, Liz y los dos bebés; Rosa se queda con un chaquetón de Liz por la misma razón que Renata se ofrece a hacerle una limpieza profunda del apartamento totalmente gratis previo pago de 100 euros semanales; el padre de Liz le deja citas de Nicanor Parra en el contestador automático: de hecho, es que llama precisamente para dejar esas citas. Etc. Los otros padres, los así llamados normales, que debaten sobre temas serios y practican técnicas novedosas de educación ofrecen el contrapunto coherente, pero nada más que para que destaque todo lo anterior.

        MadresDe manera que, sobre una situación radicalmente realista como es la de la maternidad se superponen momentos no del todo surrealistas, pero sí ilógicos, o por lo menos inusuales. Y eso incide directamente en mi concepto del arte, en general, y literario, en particular, algo sobre lo que ya creo haber hablado con anterioridad, porque para mí la esencia de la narración no consiste en redactar penas con pulcritud, sino en configurar mundos ligeramente desfasados, sutilmente desintonizados con los hechos que estamos acostumbrados a conocer. Es como si después de llover, una parte de la calle permaneciera seca por razones que escapan a la Física, o mejor aún: que una parte de la calle esté siempre húmeda cuando no ha llovido ni haya sido regada por los servicios municipales de limpieza.

       MadresHay que desbaratar la realidad que nos asola e imaginar mundos un poquito diferentes, un poquito incoherentes. Y si cuando queremos reconstruir el mundo imaginado nos sobran piezas de realidad, mejor que mejor: podemos desdeñarlas alegremente: una fotografía artística de una calle mojada por la lluvia es muy artística, una fotografía artística de una calle mojada sin lluvia previa es mucho más artística.

       De ahí que me haya quedado con ganas de saber más de estas madres en esta película. De ahí que considere que sus logros son muy superiores a sus carencias.