Francisco Javier Rodríguez Barranco – La frescura en Smoking Club

Fotos presentación película: Rosa Jiménez

            Uno recuerda La colmena (1982), de Mario Camus, sobre todo las escenas en el café donde las mesas de mármol son lápidas camufladas, basada en la celebérrima novela de Camilo José Cela, ambientada a principios de la década de los cuarenta en Madrid, y luego ese mismo uno ve Smoking Club (129 normas) (2017), de Alberto Utrera, una obra igualmente coral, ambientada además en Madrid, y piensa: “¡Coño! Algo ha cambiado en este país”.

            Dentro del género de la comedia e incluida dentro de la sección Estrenos Especiales del Festival de Málaga, edición de 2017, esta película cuenta las vicisitudes de los propietarios y los clientes de un club de cannabis, donde se han impuesto 129 normas, porque esto no es Ámsterdam. Y podríamos comentar aquí que alguien dijo que si se había puesto la Estatua de la Libertad en Nueva York, debería colocarse la Estatua de la Responsabilidad en San Francisco para mantener el equilibrio esencial de la persona, pero prefiero dirigir mi análisis por otros derroteros. Nos quedamos con la idea de que el club se plantea como un espacio de libertad y a partir de ahí arrancamos nuestras reflexiones.

            La primera de ellas se refiere a la propia gestación del filme, que tuvo lugar en nueve días, y que es el primer largometraje de Alberto Utrera, dos circunstancias que, sin dura, redundan en una de las características principales de este largometraje: la frescura y la naturalidad con la que se afrontan los diferentes personajes y las situaciones diversas, todas ellas dentro del club de fumadores de hierbas.

            En la presentación del filme, Utrera destacó que éste tenía algo de Tarantino y de los Coen, pero a la española. Para ser del todo sincero, esta última referencia no terminé de pillarla, entre otras cosas porque el cine de los geniales hermanos abarca registros muy diferentes y no es fácil enlazar con alguno de ellos en concreto. Sí que es más fácil vincular Smoking Club con el cine de Tarantino, sobre todo en cuanto al montaje se refiere, muy en concreto la archiaclamada Pulp Fiction (1994), pues la película de Utrera podríamos decir que tiene un desarrollo sincrónico, es decir, que se cambia el foco argumental de unos mismos momentos en cada uno de los grupos de contertulios en el club. De esa manera, sin duda, las imágenes adquieren volumen, porque son algo más que un hilo narrativo, sino que unos mismos minutos vividos en un mismo espacio se ofrecen al espectador desde todos los ángulos posibles configurando así un prisma de muchos costados.

            Utrera habló de Tarantino y los Coen a la española, y ya hemos aludido, aunque sea someramente a lo que de Tarantino hay en su película, aunque no captemos el momento Coen, pero eso sólo demuestra las limitaciones de este cronista cinematográfico. Me parece justo, por lo tanto, referirme ahora a lo que de español hay en este largometraje, que no es poco y de la mejor tradición, puesto que observo en él toques ochenteros, sobre todo en esa frescura de la comedia de los ochenta, que luego, lamentablemente se perdió. Películas como Sal gorda (1983), de Fernando Trueba, Entre tinieblas (1983), de Pedro Almodóvar u Ópera prima (1980), también  de Fernando Trueba, serían hoy día inimaginables: el propio Almodóvar actualmente hace otras cosas. Y comentaba en cierta ocasión el mismo Trueba, con motivo de la inauguración Festival la Edad de Oro del Cine, que se celebra desde el año 2013 en el cine Albéniz de Málaga, que la comedia desapareció el día que nos hicimos políticamente correctos y entonces hiciéramos el chiste que hiciéramos, estaríamos ofendiendo a algún colectivo.

            No voy a ser yo, desde luego, quien abogue por un humor cruel, pero yo creo que una actitud distendida en cuestiones de humor es la más saludable de las situaciones y cuando se crea un gag que alude al colectivo que sea, es fácilmente distinguible cuándo esa secuencia ha sido concebida con ánimo hiriente y cuándo ha sido pensada  como una manera simpática de crear situaciones cómicas.

            Bienvenido sea, pues, el humor cuya principal finalidad es hacer reír, porque aparte de que Nietzsche lo consideraba como la más excelsa muestra de inteligencia, la persona que se vive instalada en el humor es muy difícil que desarrolle actitudes intolerantes, según defiende mi buen amigo Enrique Gallud Jardiel.

Rodrigo Poisón y Alberto Utrera en la presentación de la película

             Y eso es lo que hacen Alberto Utrera y el resto del equipo de Smoking Club: una comedia sin fisuras, una comedia magníficamente construida, una comedia inteligente, una comedia innovadora en el fondo y en la forma, puesto que las imágenes se recrean en numerosas ocasiones con recursos propios del comic o del pop-art, una comedia cuyo protagonismo habría aceptado en su día un jovencísimo Antonio Resines. En esta ocasión, entre un extenso elenco, el papel principal corresponde a Rodrigo Poisón.

            Muy fresco me parece también los logotipos repetidos que vemos de la birra La Virgen, “cerveza pura” dice la propaganda, que si bien es cierto que se hace en Madrid y, por lo tanto, tiene existencia real, quiero ver en ello un guiño a las mojas yonquis de Almodóvar en Entre tinieblas. Como muy almodovariana es el personaje de doña Dolores en el filme de Utrera, una señora bien cumplidos los setenta, fascista hasta la náusea, pero que acude al club de cannabis para fumar sus hierbas, que son lo único que le calma los dolores: nombre alusivo de este personaje, por lo tanto.

           

               También en la presentación del filme, Alberto comentó que esta película nació dentro del curso de tres disciplinas (guionistas, directores y actores) desarrollado en la Central del Cine de Madrid: aceptemos, pues, este chorro vigoroso de creatividad y busquemos romper, aunque sea con momentos que recuerdan lo mejor de la comedia de los ochenta en nuestro país, el acartonado panorama actual: no es cuestión de dinero ni de tiempo, puesto que ya mencioné que la película se rodó en nueve días en un solo escenario y dudo mucho que el presupuesto fuera elevado. Es cuestión de creatividad.

Presentación de la película