Francisco Javier Rodríguez Barranco comenta el desarrollo del jueves 3 de mayo en el FCAT 2018

                Nunca me cansaré de ponderar los dos ejes fundamentales en los que se inscribe el Festival de Cine Africano, que se celebra entre Tarifa y Tánger (FCAT): la calidad fílmica y la solidaridad cultural con el continente más desfavorecido del planeta Tierra.

                Por ello, quiero copiar aquí las señas de identidad de la ONG Al Tarab, que es quien organiza el evento:

Al Tarab nace en el año 2003 en la ciudad de Tarifa, en España, como asociación sin ánimo de lucro, con el fin de promover y difundir la cultura africana en España, América Latina y el propio continente africano, a través de actividades de cooperación cultural, siendo su herramienta principal el cine.

A través del cine, queremos deconstruir estereotipos y aportar conocimiento acerca de las múltiples realidades de África, el mundo árabe y sus diásporas en América Latina, dando voz a los cineastas africanos, porque creemos que es hora de que África sea contada por los africanos.

                Aquí no hay alfombras rojas ni estupideces, ni escaparates, ni esperpentos.

Alí Essafi durante los “Aperitivos de cine”

       Pues bien, en 2018 se ha celebrado la 15ª edición del FCAT, de la que quiero reseñar en las líneas que sigue lo que ha sido el día 3 de mayo de 2018 desde mi perspectiva personal.

             Y puede parecer una tontería, pero ése ha sido el primer día de sol durante un certamen que comparte con el resto de España el extraño inicio de primavera que estamos conociendo este año.

            Situadas así las cosas, a la una de la tarde se celebró la terturlia “Aperitivos de cine”, donde se invita a algunos de los cineastas que participan en el FCAT para charlar con el público. En esta ocasión fue el director marroquí Alí Essafi, quien ha presentado el documental La séptima puerta (Obour al bab assabea), que es una obra sobre la historia del cine marroquí entre 1907 y 1986, escrita por Ahmed Bouanani pero nunca publicada. Se constituye así Bouanani en el gran protagonista ausente del debate, pues extractos de películas y conversaciones filmadas diseñan el universo de este cineasta y poeta cuya integridad se mantuvo siempre intacta.

                En dichos “Aperitivos de cine” lo primero que comenta Essafi es que Bouanani fue un escritor en lengua francesa, pues ésa fue la lengua que se le enseñó en el Marruecos colonizado, de ahí que una vez alcanzada la independencia buscara en el cine unas imágenes que le permitieran comunicarse con el pueblo, pues la lengua árabe que se hablaba en las clases populares le resultaba casi desconocida.

             Se plantea entonces a Essafi si el cine puede constituir un lenguaje universal y argumenta el cineasta que en Marruecos, por cuestiones religiosas, no existía un arte figurativo hasta la colonización, lo que se suplía con la palabra o las similitudes con la naturaleza. Por otro lado, el cine fue inventado en Occidente, donde la representación de la figura humana ha existido siempre. Por lo tanto, el cine no es un lenguaje universal, pues una parte importante de la humanidad no ha llegado hasta fecha muy reciente a la figura humana.

          Como anécdota, comenta Alí (nacido en Fez en 1963) que en la generación de sus abuelos miraban las fotos cabeza abajo. El espejo no empieza a formar parte de la vida cotidiana de los marroquís hasta hace unos cincuenta años, siendo así que antes sólo eran objetos minúsculos que servían para peinarse y poco más. En resumen, antes no había imágenes de la gente. Esto significa que la mirada que uno tenía de sí mismo dependía de la mirada de otro.

         En cuanto al cine de Bouanani, durante los últimos años se veía en museos y no en salas hasta que en 2017 la Berlinale se interesó por su obra y se subtitularon al alemán. Lo que de alguna manera se relaciona con la actitud cinéfila de Bouanani, a quien le interesó mucho el cine de Pasolini, y viceversa, pero las limitaciones técnicas de la época impidieron que llegaran a conocerse en persona cuando el director italiano estuvo rodando en Marruecos. De hecho, Bouanani se pasó una noche entera buscando a Pasolini en los bares y restaurantes de Rabat de manera infructuosa. Luego ya asesinaron al director de Teorema  y fue imposible, evidentemente.

         Estos “Aperitivos de cine” del FCAT finalizaron tras el encuentro con la salvadoreña María Luisa Angulo, que desarrolla en Senegal un proyecto para incorporar la tecnología digital a la cultura.

Fotografía expuesta en ‘Dakar, una mirada’

            Y de Senegal procede la exposición Dakar, una mirada, que fue mi segunda cita del día, una muestra donde la lucha, la moda y el tiempo de la moda son los ejes de la mirada cruzada que el fotógrafo senegalés Mamadou Gomis y el documentalista español Pere Ortín construyen sobre la capital de este país africano. Una década de trabajo en común donde la riqueza surge de la combinación de puntos de vista: el del ciudadano-narrador (Gomis) y el del extranjero fascinado (Ortín).

         El día continuó con el canta-cuentos africanos, un espectáculo para toda la familia de la mano del coro infantil de la Escuela Municipal de música, danza y artes plásticas de Tarifa “Maestro Fermín Franco Utrera”, acompañado por el cuentacuentos camerunés Boni Ofogo, donde a través de canciones y cuentos nos traen las tradiciones y los sonidos de África. Conocimos así el cuento de “La mano y el brazo”, donde la envidia recibe su castibo, o el de la serpiente cuya cola quería ser cabeza invirtiendo el orden de la naturaleza.

Boni Ofogo durante el cantacuentos

Fotograma de ‘Supa Modo’

      La película de la tarde fue Supa Modo, es decir, ‘Super héroe’, una coproducción entre Kenia y Alemania de 2018, dirigida por el realizador y también actor keniata Likarion Wainaina. Básicamente, es la historia de una niña, Jo, que padece cáncer terminal, pero se ve arropada por un poblado que intenta hacer menos dolorosos sus días finales gracias a la afición de Jo a los grandes superhéroes. Pura emoción inyectada en vena que caló hondo en la audiencia, pero que si analizamos desde un punto de vista meramente fílmico, descubrimos que el cine africano que se ha caracterizado por el fuerte contenido social como un retrato de las pésimas condiciones de vida de este continente y, de hecho, la película que nos ocupa cumple con uno de los cánones del realismo social: la utilización de actores no profesionales; pero Wainaina ha gestado una cinta como Supa Modo, donde imperan el intimismo y la fantasía, lo que sin duda nos brinda nuevas opciones para la cinematografía en África.

Fotograma de ‘Supa Modo’

Brisa Fenoy interpretando “Jericó”, acompañada de su DJ

           Era ya la hora de la cena, cuando llegó otro de los momentos álgidos de la jornada, la presentación de Jericó, un cortometraje documental de Manfre & Ikerriturria, basado en la canción homónima de la algecireña Brisa Fenoy, que asistió al evento para cantar ese tema y charlar con el público, como también hizo la directora del corto, que no está terminado aún, pues vimos veinte minutos de algo que finalizará siendo un largometraje. La dureza de la travesía del estrecho de Gibraltar, así como una apelación a la concienciación de la audiencia eran las ideas esenciales de este evento.

        Y hasta ahí dio de sí el día 3 de mayo en el FCAT de 2018. ¿Hasta ahí de sí el  de mayo en el FCAT de 2018? Buenos estamos en Tarifa y Tarifa no sería Tarifa sin un buen conciertito de reagge africano. Es lo que hay.

         Ése fue ya el colofón a la jornada.

Carteles de peliculas en el FCAT 2018

Tarifa durante el FCAT con Maruecos al fondo

María Luisa Angulo

Fotografía de la exposición ‘Dakar, una mirada’

Escena durante el cantacuentos

Escena durante el cantacuentos

Presentación de “Jericó”

 

 

 

Dúo de reggae africano