Francisco Javier Rodríguez Barranco

          Desde luego es que los seguidores inquebrantables de Woody Allen vivimos con la lengua fuera, porque no somos capaces de asimilar tanta película como el neurótico director neoyorquino es capaz de gestar: un caso único de creatividad en todo cuanto abarcan las artes, en general, y el Séptimo Arte, en particular. Tan único como la ciudad en la que vive. Y lo peor es que cuando uno asiste al estreno de un largometraje de Woody es como las estrellas que vemos en el firmamento, pero que ya no están, sino que todavía nos llega su luz, aunque ya hayan desaparecido, porque es obvio que el último filme es pasado para él y ya está rodando el siguiente.

            irrational_man-cartel-6293Nos llega así, Irrational Man (2015), etiquetada oficialmente como un thriller y que, de hecho, toma como base Extraños en un tren (1951), de Alfred Hitchcock, como es de sobra conocido, escena en el parque de atracciones incluida, en cuanto a la búsqueda del crimen perfecto por la falta de conexión entre la víctima y el asesino y, por lo tanto, de móvil. Pero no es éste el único guiño de la película de Woody a otras producciones clásicas, pues la doble relación simultánea de Abe, el protagonista, interpretado por Joaquin Phoenix, con Rita, una madura espléndida, y con Jill, una joven espléndida, ha de recordarnos necesariamente a El graduado (1967), de Mike Nichols, recientemente fallecido; la voz en off en primera persona que articula las acciones es un recurso propio del cine negro, magistralmente desarrollada (la voz en off) en Perdición (1944), de Billy Wilder; y las películas de asesinatos en un campus universitario son un clásico del cine norteamericano, del que tan sólo quiero mencionar Malicia (1993), de Harold Becker. El debate sobre el cianuro, pero sobre todo el arsénico y sus cualidades letales se me antoja un guiño a la película de Frank Capra Arsénico por compasión (1944), uno de los mayores ejemplos de humor negro de la historia del cine.

            irrational_man_39981Como también es un clásico, sobre todo en los thrillers, el planteamiento de la acción como un desarrollo del conflicto entre Eros y Tánatos, pero aquí ya observamos un primer sesgo de la originalidad de Woody, pues si lo habitual es que Eros desemboque en Tánatos, en Irrational Man Tánatos conduce a Eros. Volveremos sobre esta cuestión, porque ahora me interesa destacar que no es la primera vez que un asesinato aparece en la filmografía del realizador de Manhattan, como es de sobra conocido en Misterioso asesinato en Manhattan (1993), con la desgarradora separación de Mia Farrow todavía caliente, Delitos y faltas (1989), en la trilogía londinense Match Point (2005), Scoop (2006) (inmortal, por cierto, la frase: “Tu novio es un mentiroso y un asesino, dicho sea sin ánimo de ofender”) y El sueño de Casandra (2007), y seguro que me olvido de alguna.

           irrational_man_39979Podríamos considerar que en esas películas el asesinato se envuelve en un contexto de humor, como en Scoop, Misterioso asesinato en Manhattan, un análisis de la depravación humana, o lo que es aún peor: la aceptación social de la depravación humana; como en El sueño de Casandra; o una mezcla de humor y degradación, como en Delitos y faltas. Lo original en Irrational Man, es que el crimen se impone como una condición para la vida, lo que resume en la frase: “Actuar en vez de observar”. Ésa es la reflexión que desarrolla Woody en este filme, arropado todo ello bajo el imperativo categórico de Kant: actuar correctamente en cualquier circunstancia, puesto que la dinámica de la película gira alrededor de la idea de matar a un juez corrupto para que la humanidad sea infinitesimalmente mejor. Un asesino de moral kantiana es el de Juan Jacinto Muñoz Rengel en su magnífica novela El asesino hipocondríaco, una dolencia a la que no es ajeno el director neoyorquino. Pero el planteamiento no es el mismo, y quizá Woody no ha leído esa narración, puesto que en la obra del autor malagueño, lo kantiano consiste en cumplir un encargo por un asesino a sueldo, mientras que en el largometraje del neoyorquino, el asesinato es un deber ético para evitar que el juez asesinado siga haciendo daño.

             irrational_man_39984Como ya sabemos, las mejores películas de Woody en su primera etapa, con Annie Hall (1977) a la cabeza, significan el punto de encuentro de los grandes traumas del director: la muerte, el sexo, la religión, el sentido de la vida. Recordemos por ejemplo el chiste con el que se inicia Annie Hall: “En este restaurante las raciones son verdaderamente malas. Sí, y además, son muy pequeñas”, como una metáfora de la vida con la que todos estamos a disgusto, pero nadie quiere que se acabe. Eso fue lo normal durante casi dos décadas en la filmografía del director que estamos comentando, pero en Poderosa Afrodita (1995) se produce una exégesis definitiva por la sencillez, lo que no es fácil en un director tan complejo como Woody, pero a partir de entonces sí que observamos que los planteamientos son menos trabados. Así, Un final made in Hollywood (2002) es una sátira de la industria sin arte del cine, Medianoche en Paris (2011) es una reflexión sobre el tiempo, A Roma con amor (2012) es una crítica de la estupidez social y, entre otros muchos ejemplos, Melinda y Melinda (2004) es una puesta en escena de la dualidad esencial del ser humano.

           Pues bien, en Irrational Man Woody vuelve a conjugar varios de sus elementos favoritos: el judaísmo en las referencias a Anna Frank o en el nombre del protagonista: Abe Lucas, de donde Abe viene de Abraham, gran protagonista del Antiguo Testamento, y Lucas es uno de los evangelistas, cristiano, pero de origen étnico judío; la satisfacción sexual; la muerte, por supuesto; y el sentido de la vida: ¿habrá algo más existencialista que un profesor universitario de Filosofía que se atasca en un ensayo sobre Heidegger?

             irrational_man_39982Tánatos conduce a Eros mediante una pirueta conceptual marca de la casa, según comentábamos más arriba y que no vamos a desbrozar más ahora, pero lo interesante es que no necesitamos saber quién es el asesino: desde los primeros compases del filme lo sabemos y además le vemos actuar y preparar su crimen, lo cual es algo que también sucede habitualmente en las películas de Alfred Hitchcock, o en Crimen y Castigo de Dostoievski, un libro que se cita en la película de Allen, donde ni siquiera se ve actuar a la policía, sino que conocemos sus pasos por las conversaciones entre los personajes: en todos esos casos lo que verdaderamente importa es el entramado ideológico que rodea al crimen: las motivaciones psicológicas del asesino y cómo se recibe la noticia entre los demás intervinientes en la acción.

            irrational_man_39978Ahora bien, ¿hasta qué punto el asesinato del juez es un deicidio? No hay demasiados elementos en la película para responder de manera satisfactoria a esa pregunta, pero en esta producción dicho personaje, con hábitos semanales muy definidos, se nos muestra como un juez omnipotente e injusto, sin el cual la vida es mejor y todo ello se parece bastante a la idea que de Dios tiene el realizador norteamericano. En otro cineasta contestaría negativamente a esa cuestión. En el filme que nos ocupa me limito a dejarlo planteado. Además el juez es envenenado en sábado, el día sagrado para los judíos. Igual hay más elementos de los que pensábamos en un prinicipio que apuntalan la idea de que Irrational Man es realmente la crónica de un deicidio con su planteamiento, su nudo y su desenlace. No sé, ya digo, pero puestos a fantasear, me permito conjeturar que esa posibilidad estuvo en la mente de Woody y le hizo sonreír.

            irrational_man_39984Pasemos así a otras consideraciones y es que decía Paco Umbral a finales de los ochenta, cuando en España empezaba a afianzarse la novela negra (Vázquez Montalbán, Muñoz Molina), que la principal diferencia entre una buena novela y otra mala es que en ésta estamos deseando llegar al final para que se desvele el culpable y que es esa expectativa la que nos hace disfrutar, mientras que en una buena novela no necesitamos semejante incertidumbre, sino que se experimenta un placer estético en cada una de sus páginas. Eso es exactamente lo que sucede en este largometraje de Woody Allen, que se disfruta de cada fotograma sin necesidad de llegar al final.

             Pero no quiero cerrar esta reseña sin hacer una mención de los dos principales protagonistas: Emma Stone, que supera en matices con creces el papel de vidente que interpreta en Magia a la luz de la luna (2014), y sobre todo Joaquin Phoenix, quien parece sentirse especialmente cómodo en personajes que se sitúan más allá de las coordenadas lógicas, como en El bosque (2004), En la cuerda floja (2005), donde da vida a Johnny Cash, El maestro (2012) o Puro vicio (2014).