Francisco Javier Rodríguez Barranco reseña Benzinho, de Gustavo Pizzi

 

Pizzi                Gran parte de las observaciones que realizamos en su día acerca de The Florida Project (2017), de Sean Baker, serían de aplicación a Benzinho (2018), de Gustavo Pizzi, y no voy a repetir ahora lo argumentado en relación con la película estadounidense, pero sí quiero realizar un análisis diferente del que ha realizado la crítica acerca de la película brasileña donde se ha insistido en dos aspectos: la familia y dentro de ella la poderosa figura de la madre, cuya energía nace de la fragilidad de la situación. De hecho, tras su participación en el festival de Sundance, esta cinta fue galardonada con la Biznaga de oro a la Mejor película iberoamericana en la 21ª edición del Festival de Málaga, lo fue también con la Biznaga de plata al Premio especial del jurado de la crítica en base a los siguientes argumentos, que copio literalmente: “su emotiva aproximación a la familia y por su capacidad de conmover sin caer en los sentimentalismos, y por su mirada femenina llena de verdad”.

   Pizzi             Y uno comparte esos argumentos, pero creo que hay algo más, de lo que podemos destacar en primer lugar la barrera cada vez más difusa entre la ficción y el documental. Los documentales tienden a convertirse en nuestros días en docudramas con un cierto hilo argumental en su desarrollo y las ficciones miran con ojos cada vez más golositos las posibilidades del documental en cuanto referentes de la realidad. No necesitamos salirnos del arriba mencionado Festival de Málaga para descubrir el magnífico largometraje Casa Coraggio (2017), de Baltazar Tokman, un director que ha hecho carrera en los documentales y que se ha aventurado al mundo de la ficción aplicando técnicas fílmicas que pertenecen a su experiencia previa y logrando una película donde las influencias mutuas entre realidad y ficción son constantes. Señalar que esta cinta fue galardonada con la Biznaga de plata a la Mejor película iberoamericana en Zonazine y que a los organizadores de esta sección les costó trabajo decidir si se trataba de un documental o de una ficción.

           Hay un marcado esfuerzo en el cine de ficción contemporáneo por acercarse a la realidad tal cual sin apoyarse en una narración inventada, como es el caso del conocido neorrealismo italiano, sino incorporando elementos narrativos a la vida cotidiana para mejor resaltar los aspectos que se quieren destacar. Un caso muy curioso a respecto es el de la cinta cubana Sergio & Sergéi (2017), de Ernesto Daranas, Premio del jurado joven al mejor largometraje de la sección oficial del tantas veces mencionado Festival de Málaga, y donde se parte de un hecho real para componer una sátira de lo que fue la situación en la isla caribeña en los momentos inmediatamente posteriores a la desaparición de la Unión Soviética.

 Pizzi        Pero no es sólo un caso de “intrusismo” técnico de la ficción en el documental, y viceversa, a lo que asistimos en el cine en estos momentos, es que las temáticas también son similares, pues ambos, largometrajes y documentales han puesto el foco en las cuestiones cotidianas que nos rodean. No es ya la génesis de las cuevas de Nerja, por ejemplo, lo que interesa a los realizadores documentales, sino la problemática de las personas transexuales o los mendigos en Vancouver. No son ya las puestas en escena épicas lo que se ve en los largometrajes de los Festivales (lo de las salas en los centros comerciales es otra cosa). Díficilmente Ivanhoe o Robin Hood llegarán al Festival de Málaga, ya que nos estamos moviendo alrededor de este certamen recién concluido, sino los deshaucios o la emigración impuesta a los jóvenes para buscar un futuro laboral en otro país de la Unión Europea. Muy pocas producciones de época o fantasía pura se ven en los grandes acontecimientos cinematográficos del mundo. Alguna hay, lo admito, y el caso más inminente es el de La forma del agua (2017), de Guillermo del Toro, que también fue homenajeado en el festival malagueño, pero otro tipo de películas se han impuesto en nuestros días. Inmediatez de las cuestiones. También la película de Del Toro admite una lectura en clave contemporánea.

 Pizzi        Los guiones han perdido el valor argumental que les caracterizaba en los así llamados años dorados de la fábrica de sueños. Ya no se hilvanan acciones para desarrollar una historia en sentido propio, sino que son las cuestiones candentes de nuestro tiempo lo que se plasma en la pantalla, desarrolladas de manera discontinua, como fogonazos de la realidad.

         Y todo lo anterior sería aplicable a Benzinho, que goza de un enorme valor expositivo, como también disfruta The Florida Project, con quien también comparte otra cuestión y es el ambientar la trama en uno de los epicentros del turismo brasileño, es decir, la ciudad de Petrópolis, a cuya sombra las familias malviven, se hacinan siendo así que ya comentamos en relación con la película de Baker cómo el estatismo vital se había instalado en un motel situado en la proximidad de uno de los mayores artificios de la felicidad, como es el parque de la Disney en Florida. PizziY pudimos comprobar cómo el Primer Mundo se agrieta mediante las fisuras que impone el así llamado Cuarto Mundo.

          Pero si regresamos al filme de Pizzi, Petrópolis fue una ciudad imperial inventada por el emperador Pedro I en el primer tercio del siglo XIX, puesto que, como ya sabemos, el colonialismo en Brasil no se resolvió en repúblicas, según aconteció en las posesiones hispanas (lo del emperador Maximiliano en México fue un anacronismo fugaz).

 Pizzi         Gustavo Pizzi pasó su infancia en Petrópolis, pero ya nos aclararon en la rueda de prensa que Benzinho no tiene valor autobiográfico. Considero por ello que estamos sin duda asistiendo en esta película a una metáfora de la descomposición de la sociedad brasileña, donde la vida no se despliega a golpe de samba, sino más bien bajo lamentos de blues. No puede casual que la casa donde mora la familia que se retrata se halla en permanente estado de desmoronamiento y la nueva que quieren construir con muy torpes fundamentos no pasa de una quimera remota. Una familia casposa dirían algunos. Una familia que nació sin horizontes afirmamos nosotros.

  Pizzi      Sin embargo, sí hay algo que distingue radicalmente Benzinho de The Florida Project y es que frente a las vidas detenidas que aquí se muestran, el filme brasileño ofrece la imagen de una familia como un avispero, en constante movimiento, entre otras cosas quizá porque nadie tiene un sitio fijo en esa casa: hay más personas que rincones, lo cual es una característica de las familias humildes cuyo espacio vital se reduce a lo mínimo. Si utilizáramos un símil astronómico, diríamos que la familia en esta cinta es como los cuerpos celestes, que han de estar en constante movimiento para no caerse.