En realidad en Odessa, que es donde transcurre la acción, no hay ninguna escalera como la que se ve en El acorazado Potemkin (1925), de Sergei Eisenstein, lo cual es una prueba más de que el cine es el cine y la historia, la historia.

Para Lenin, el cine era la mejor de las artes, sin duda por su poderoso poder propagandístico (en segundo lugar probablemente se sitúen los murales), y mucho hay de propaganda antizarista en El acorazado Potenkim, pero no es menos cierto que una escena como la que ofrecemos aquí, con la famosa mirada analógica de la madre, merece un lugar de excepción en los anales del Séptimo Arte.