Francisco Javier Rodríguez Barranco entrevista a Martín Hodara, director de Nieve negra

Fotografías y vídeos de Rosa Jiménez

Durante la celebración del Festival de Málaga. Cine en Español. Edición de 2017

Nos encontramos en el set de prensa del Festival de Málaga, en uno de los costados del Teatro Cervantes, entre la primera proyección de la mañana y la segunda.

Tras las salutaciones y algún comentario simpático abordamos la entrevista.

Javier Rodríguez.- Lo que observo en el cine actual es una enorme tendencia a priorizar la construcción del personaje sobre el guion en sentido estricto. Eso se ve mucho, por ejemplo, en el canadiense Xabier Dolan, cuyos argumentos se pueden resumir en dos líneas, pero que se concentra en mostrarnos cómo son los distintos caracteres. Pero lo que he observado en Nieve negra, que me ha gustado mucho es que el argumento se va construyendo en la misma medida que vas profundizando en el conocimiento de los personajes. No sé, ¿cómo ves todo esto?

Martín Hodara.- No es que ninguna de esas dos opciones sea buena o mala. Hay películas que me parecen maravillosas. Quizá las de los Bardem que van en ese mismo sentido [el de Dolan]. Sí, en Nieve negra tratamos de que la trama te vaya llevando, pero que al mismo tiempo te enganches con los personajes. Y además me parece muy interesante, no sé si lo hemos logrado, que el protagónico se va moviendo entre los tres personajes principales. O el personaje de Lupi, que tiene tres escenas, pero tiene su peso. Al fin y al cabo es como el titiritero que mueve todas las cosas: por ejemplo, movió la muerte de Juan, la encubrió. Sí, nosotros trabajamos mucho con el personaje, sobre todo cuando tienes tres grandes actores, como Ricardo, Leo y Laia. Yo creo que al espectador le gusta que le cuenten una historia, pero también le gusta profundizar en los personajes.

JR.- Eso en tu película me ha encantado, porque está equilibrada. Hay películas en las que el argumento tiene mucho peso, hay otras en las que los personajes tienen mucho peso, pero en la tuya está todo mucho más equilibrado.

MH.- Bueno, gracias.

JR.- Otra pregunta. El humor [risas de Martín], porque tu película tiene sus chispas de humor [nuevas risas de Martín].

MH.- Eso me interesa.

JR.- [interrumpiendo]. Y además lo aporta Federico Lupi cuando dice «¡Vaya familia!».

MH.- «¡Qué familia!».

JR.- O «¡Qué familia!». O cuando Leonardo, bueno su personaje, que se llama Marcos, piensa que le ha volado la mano y Federico le corrige: «Qué va. Él sólo me voló la prótesis». O sea, que aun siendo una historia brutal, no renuncias al humor.

MH.- Bueno, voy a ser honesto: la verdad es que nunca lo pensé como humor. Lo que pasa es que mi coguionista tiene muchísimo más humor. Escribe de todo, pero tiene algunas comedias escritas y me decía que tuviéramos lo que los americanos llaman el comic reliefe en un punto de drama. Lo que me parece interesante es que la famosa frase de Federico «¡Qué familia!» es que te da un poquito de relax antes de lo que viene después, que es la parte gorda, digamos de la cuestión. Me parece muy necesario. De hecho, he descubierto que la gente se ríe con otras frases, que a mí me parece raro. Esa frase, en concreto, funciona como un reliefe, pero al mismo tiempo habla de esta familia, donde uno mató al hermano chiquito, el otro no sé qué, el padre era una porquería, la madre los abandonó.

JR.- Otra preguntita. Mira, ayer en la rueda de prensa hablaste de tus referencias cinematográficas: Polanski y sobre todo Kubrick; pero yo al saber el título de la película y comprobar luego que se trata de una película argentina, lo primero que me vino a la mente fue un relato de Bioy Casares, “El perjurio de la nieve”, que luego no tiene nada que ver con la trama de Nieve negra. Pero, ¿por qué no nos hablas un poco de tus referencias literarias?

MH.- Lo leí hace mucho a Bioy, aunque siempre recurro a él. Bioy y Borges y Cortázar, la verdad es que trascienden. Siempre que viajo tengo un libro de Borges en la maleta y, de hecho, tengo algo en el ipad, un sitio en internet, donde hay cuentos de Borges y de Cortázar gratis. Borges es una referencia fundamental, aunque quizá suene un poco intelectual. La trilogía argentina son esos tres autores, aunque luego tenemos otros. Pero es muy difícil decir cuáles son las referencias. Por ejemplo, no todos los días te gusta una película de Bergman, pero hay días que amas a Bergman o Kurosawa. Los gustos pasan también por las edades. Pero a lo que ibas, el cuento ése [“El perjurio de la nieve”], cuando empezamos a escribir, mi guionista me dijo «Ché, ¿te acordás del cuento ése?». Pero, es verdad, que luego no tiene nada que ver.

JR.- [interrumpiendo de nuevo] Claro, si es que es justo todo lo contrario: en ese cuento lo que se trata es mantener la vida, mientras que en tu historia lo que se hace es expandir la muerte.

MH.- Sí, sí, sí, sí. Es interesante que lo hayas nombrado. Pero no sé si lo conté ayer en la conferencia de prensa, pero el título se le ocurrió a un amigo mío que es director creativo de una agencia de publicidad, porque yo estaba entre dudas y me dijo «¡Déjame que lo piense!». Y lo pensó. Pero, vamos, que las referencias literarias en Argentina son Cortázar y Borges y Bioy, a quien tuve el placer de conocerlo.

JR.- Una última preguntita muy rápida. Geroge Roy Hill decía que en el binomio Paul Newman-Robert Redford, Paul era el dicharachero y Robert mucho más calladito, más concentrado en su trabajo. ¿Podemos establecer un paralelismo entre ambos actores estadounidenses y el binomio Ricardo Darín-Leonardo Sbaraglia?

MH.- Es absolutamente así [ríe]. Ricardo es el dicharachero: hasta el momento que no dices acción está haciendo chistes y Leo es el concentrado, el que la piensa, es cerebral, al mismo tiempo es emocional. Eso fue interesante en la película: trabajar con esos dos métodos completamente diferentes y los dos son amigos. Los dos son dos personas encantadoras, dos personas que son fantásticas, cariñosas. Bueno, somos amigos.

JR.- Muchas gracias, Martín. Me quedo encantado con esta entrevista. Me quedan preguntas.

MH.- Dale, dale, dale.

JR.- Pero el tiempo no lo permite. Muchísimas gracias.

MH.- Bueno, ya si nos vemos por aquí estos días, seguimos charlando.