El cantor de jazz (1927), de Alan Crosland. Y la voz llegó al cine, aunque no puede considerarse una película sonora en sentido propio, puesto que tan sólo las canciones podían oírse. Algo es algo. Magnífico Al Johnson, por cierto.

PD.- Hace falta subir un poco el volumen, pero eso forma parte del encanto de la película.