Manuel Sánchez-Campillo – Del aburrimiento al crimen en Lady Macbeth, de William Oldroy

 

                MacbethNo es de extrañar que a Stalin no le gustara la ópera que de esta misma obra estrenó Dimitri Shostakovich el 22 de enero de 1934. La ópera tuvo bastante éxito. Representada a la vez en Leningrado y en Moscú, recorrió Nueva York y las capitales europeas hasta que, en 1936, en Moscú, Stalin asistió a una representación que no vio completa, se marchó durante uno de los descansos. Al día siguiente, el diario Pravda publicaba un editorial atribuido al propio dictador soviético titulado “Caos en lugar de música”. Con el título ya lo decía casi todo. La obra cayó en desgracia y fue retirada de todos los teatros rusos. Shostakovich calló, acató y abandonó la lírica. Llegó a pensar en el suicidio. Dejando a un lado las motivaciones estéticas –Stalin creía que el arte de vanguardia no atendía las verdaderas necesidades del pueblo–, la obra hace estallar todas las convenciones, tanto de clase social como de raza o de sexo.

               Macbeth

             MacbethYa en la primera conversación de esta película, le preguntan a la protagonista, mientras espera al marido en el dormitorio la noche de bodas, si tiene miedo. Responde con un no decidido; poco después, cuando el marido se lo pida, se desvestirá sin ningún pudor cándido. En realidad, no habrá sexo, nunca lo va a haber entre la pareja de recién casados. A partir de ahí, la vida de Katherine (Florence Pugh) se convertirá en un tedio continuo de ventanas cerradas. Abrir los postigos de una y dejar que entre la luz será un acto transgresor; por eso, sabemos que salir sola para tomar el aire caminando por el campo es un acto de afirmación con el que el espectador se da cuenta de que esa mujer no está dispuesta a acatar las normas.

Macbeth

Macbeth

             Ese gato que merodea por la casa subiéndose a la mesa, comiéndose las sobras, saltando de un mueble a otro pisoteando toda norma, llegará a sentarse frente a ella en una silla como si fuera su referente, el ejemplo que ella ha escogido para su propia vida. Curiosamente, el gato desaparecerá conforme ella –en un giro de su personalidad que en Katherine se hace creíble– vaya adoptando el papel hipócrita contra el que ella antes se había rebelado. Son alegóricos los colores de los vestidos con los que se sienta sola en el sofá frente a la chimenea: de un azul intenso al negro que viste en el plano final, sobrecogedor.

Macbeth

            El director, William Oldroy, adapta la novela de la que Shostakovich hizo la versión operística, Lady Macbeth de Mtsensk (1865), del ruso Nikolái Leskov, llevándola al condado de Durham para que caigamos en la cuenta de todo lo que hay detrás cuando los personajes se sirven una taza de té inglés.

                El filme está lleno de bellos encuadres, muchos de ellos del mismo lugar, aunque extrayéndoles un nuevo matiz o un nuevo significado: sea en los relojes que marcan las horas en las que suceden algunos acontecimientos –en horas intempestivas, o ajustadas al horario previsible–, sea en las escaleras desnudas, recorridas por un viejo pasamanos que ella baja siempre con parsimoniosa seguridad.

Macbeth

Macbeth

                A la película la recorre un fino humor negro, el mismo que nos podría llevar a concluir que el aburrimiento puede ser la causa de los peores crímenes.