Manuel Sánchez-Campillo reseña La forma del agua

 Manuel            He querido esperar a que pasaran los días de antes y después de los Oscar para escribir esta reseña. Quería ver por dónde iban a ir los premios antes de coger la pluma; quería comprobar si mi persona está en consonancia con el sentir general; a pesar de que ya intuí que la película La forma del agua, de Guillermo del Toro, iba a ser una firme candidata a llevarse el Oscar a la Mejor película cuando, al terminar su proyección, escuché detrás de mí –me suelo sentar en las primeras filas de la sala– que era muy bonita, que era preciosa, alguien dijo que era guay, y rompieron en aplausos. A todos nos acababan de contar un cuento, y los cuentos siempre gustan. Sobre todo, cuando la película comienza a convertirse en un verdadero cuento, pues su primera media hora no llega a ser muy prometedora.

          Sin embargo, he de ser sincero y confesar que yo no me creí el cuento, o para ser aún más sincero, he desarrollado una cierta resistencia a dejarme llevar por los cuentos, a sentirme embaucado o embelesado por sus tramas sencillas.

Manuel

Manuel

           Quien quiera disfrutar de La forma del agua tiene que entrar en la sala con una mirada que yo he perdido: una mirada inocente que sea porosa para que penetren la emotividad y el sentimiento que, sin duda, posee. Quien disfrute con la Bella y la Bestia, con las historias de superhéroes, con heroínas que padecen una minusvalía –lo que acentúa su vulnerabilidad–, con las historias de buenos y malos, donde los buenos son muy buenos y los malos tienen cara de malos, con los cuentos en los que el héroe te redime de la muerte con un beso; quien pueda ver todo esto, y más –está plagada de referencias cinematográficas o tomadas de los tebeos–, sin hacer una mueca, entonces, que se compre un cubo de palomitas, medio litro de refresco y se deje aturdir por los mil y un planos que usa el director y su montador para filmar cada secuencia; no saldrá defraudado y podrá repetir con los demás eso de que es muy bonita.

Manuel