Francisco Javier Rodríguez Barranco – Alegoría coral en Estados Unidos del Amor

                alegoríaDesde luego que Gérard Depaurdie, Robert de Niro y Donald Sutherland interpretan papeles alegóricos en la descomunal Novecento (1976), de Bernardo Bertolucci. Más en concreto, el proletariado, la aristocracia y el fascismo, respectivamente. Por supuesto que Nicole Kidman desarrolla un rol alegórico en su papel de Grace, dentro de  Dogville (2003), de Lars von Trier: para más exactitud, el de la virtud escarnecida en los Nueve Círculos del Infierno, de Dante. Ni que decir tiene que la literatura está llena de ejemplos de personajes alegóricos y quiero recordar ahora a Alejandra, que es la personificación de Argentina en la novela Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, y mira que no soy yo demasiado ernestosabatiano, pero quiero barrer hacia el terreno de las alegorías nacionales. Y así podríamos seguir prácticamente ad infinitum.

            Muy curiosa se me antoja la alegoría que señala el profesor Bermejo Marcos en relación con Divinas palabras, de Valle-Inclán, donde la alternancia en los amores de la Mari-Gaila sugiere la equiparación del sacristán con Cánovas y la del farandul con Sagasta, en clave esperpéntica, por supuesto: pues no era nadie don Ramón.

         alegoríaLo que ya no es tan frecuente es que una misma alegoría se desarrolle en varios personajes de una trama, al menos en los personajes principales de un argumento, como sucede en Estados Unidos del Amor (2016), de Tomasz Wasilewski.

                Ambientada en Polonia, en unos barrios que rezuman soledad y tristeza, y rodada en tonos espectacularmente apagados, algo así como desgastados, y sin banda sonora, la acción se sitúa en 1990, recién caído el muro de Berlín, cuando los países satélite de la Unión Soviética se abrían a otras opciones, podríamos pensar que esta película es una crónica de aquellos años inciertos y sería una interpretación sin duda válida, pero considero que insuficiente.

                También podríamos pensar que se trata de una sucesión de relaciones desamorosas, a saber: la adúltera de Agata con un cura; la de Iza con un recién enviudado doctor, un romance que ya venía de mucho antes de que el galeno perdiera a su mujer; y la de la jubilada y poco agraciada físicamente Renata por la joven Marzena, que ha ganado un concurso de belleza.

                alegoríaPodríamos pensar, según comento, que todo esto es como la antítesis de los dos Manuali d’amore (2005 y 2007), ambos de Giovanni Veronesi, y no estaríamos marrando la opinión, pero sin duda nos quedaríamo cortos, porque Estados Unidos del Amor va mucho más allá.

                Y a partir de ahora, no tengo más remedio que bucear parcialmente en el argumento para sostener mis apreciaciones. Espero no estropear a nadie con ello el disfrute de esta soberbia cinta.

                La película se inicia con una comida, probablemente una cena, manifiestamente desganada, donde ni siquiera está claro el lugar de los comensales, todo lo cual probablemente es una maqueta social. A partir de ahí, asistimos a las siguientes relaciones, por orden cronológico, que se tangentean sin llegar a mezclarse la una con la otra:

                alegoría—Agata está casada con un empleado de una fábrica, pero está enganchadísima al cura de la comunidad, que se mantiene fiel a su celibato. De hecho, satisface las fantasías sexuales con el sacerdote en el lecho nupcial. De manera bastante apasionada, por cierto. Fuera de la cama, las desavenencias conyugales son escandalosas hasta el punto de hacer sufrir a la hija de catorce años.

                —Iza, como adelantamos, siendo la directora del centro de secundaria de la zona, ha mantenido una relación adúltera con el médico del barrio, que se queda viudo cuando su mujer se suicida, esto le causa sentimiento de culpa, y decide terminar esa relación poniendo como excusa el cuidado de su hija, también adolescente, como la de Agata.

                —Renata se jubila y, en vez de meterse a poeta, como parece ser que es la principal afición de los jubilados españoles, decide acercarse a su vecina Marzena, hermana de Iza, en cuyo centro de secundaria ha ejercido Renata la docencia, y al final ha de conformarse con tocar las manos de una Marzena dormida y desnuda.

alegoría

                —Por fin, Marzena sueña con hacer carrera como modelo, pero es pseudoviolada por el fotógrafo que ha de encumbrarla cuando está desnuda y dormida, y acaba vomitando todo el alcohol que atesoraba dentro.

                alegoríaNo hay escenas de guerra, ni más violencia que la esperable en una tela de araña como la recién descrita, pero, ¿de qué nos está hablando todo eso? Imagino que habrá tantas respuestas para esa cuestión como críticos cinematográficos aletean por el planeta Tierra, pero yo creo que estamos asistiendo a una portentosa alegoría de Polonia situada en el momento más delicado de su historia reciente. Desde luego que la fecha para situar la acción no ha sido elegida al azar.

                Y dentro de esa alegoría poliédrica, cada personaje cumple con su particular papel de valor simbólico. De manera que:

                —Renata se jubila cuando cae el muro de Berlín, mire usted qué casualidad, lo cual no puede significar nada más que una alegoría de la vieja Polonia, la Polonia que está a punto de pasar página y quiere proyectarse en la nueva Polonia, pero es realmente patético lo que logra.

                —Agata está casada con un empleado de fábrica, como buena esposa de proletario, pero Agata simboliza la Polonia sin horizontes que busca amparo en la iglesia, de ahí su fijación por el cura, pero no halla nada más que la desatención, como si de la palabra de Dios se tratara.

                alegoría—Iza representa el flanco académico en tortuosa relación con el elemento científico, pues no de otra manera hemos de entender la alegoría del doctor. Y, por cierto, que tanto la hija de Agata, como la del doctor sufren directamente la situación, por lo que si extendemos nuestra red de alegorías a estas dos adolescentes, no parece que Wasilewski aventure un buen final para los neo-polacos actuales, aquellos que tenían catorce años en 1990.

                —Pseudoviolada, vomitando y llorando en la escena final de la película, Marzena simboliza a la Polonia incipiente, ilusionada con el porvenir de libertad que llamaba a sus puertas, aquella Polonia que ya tenía acceso a las películas en VHS, si bien se pirraba por el porno, pero un desenlace como el recién aludido no permite abrigar demasiadas esperanzas.

                alegoríaÉsta es mi lectura de esta película: una alegoría nacional desplegada por un entramado de personajes, cada uno con su particular carga nacional, sin que se trate de caracteres tópicos, sino de personalidades bien definidas, donde es probable que haya que situar el principal mérito de Estados unidos del amor: una sabia combinación entre la construcción de los personajes y el desarrollo del guion, algo de lo que el cine actual adolece significativamente: no es por capricho que este filme de Wasilewski haya sido galardonado con el Oso de Plata al Mejor guion en la Berlinale.

                Comentábamos un par de párrafos más arriba que los personajes de Estados unidos del amor son adictos al porno, lo cual se une al elevado número de desnudos, de ambos sexos y de todas las edades, que se ven en este largometraje, creo que eso apuntala mi tesis, puesto que de lo que se trata es de mostrar una sociedad completamente en cueros. La desnudez musical creo que también ahonda en este sentido.

                ¿Verdaderamente hablamos de amor? Aquí todos se mueven en busca de ello, como un Estudio de Chopin, pero nadie lo logra y a esa persecución estéril de un ideal, me van a perdonar ustedes que regrese a uno de mis viejos temas, se le llama melancolía.