Francisco Javier Rodríguez Barranco – 55 Steps en el Festival Internacional de Cine de Torronto (TIFF)

 55           Lo malo que tienen las historias reales es que son reales, como su propio nombre indica. En ocasiones, estos filmes que se inspiran en episodios de las vidas de las personas de carne y hueso se refieren a sucesos favorables, como Maudie (2016), de Aisling Walsh, por citar un caso recientísimo, que tampoco es una comedia en sentido estricto. Sin embargo, lo habitual de las cintas que ahora nos ocupan es que aborden situaciones muy duras del cotidiano devenir, como Spotlight (2015), de Thomas McCarthy, galardonada con el Oscar a la Mejor película, o la que ahora nos ocupa, 55 Steps (2017), de Bille August, un realizador danés también distinguido asimismo con el Oscar en este caso a la mejor película en habla no inglesa en 1988 por Pelle, el conquistador. Podríamos recordar también, entre una larga lista La mujer del animal (2016), de César Gaviria, con numerosos premios en su haber.

  55          Dentro del sintagma “película basada en hechos reales”, quiero empezar a comentar el final, es decir, “basada en hechos reales” y ya analizaremos luego el concepto película, porque ese buscar en las circunstancias de las personas el fundamento de los guiones me parece un buen ejemplo de los tiempos en los que vivimos donde, salvo grandiosas excepciones como La forma del agua (2017), de Guilllermo del Toro, y todo Guillermo del Toro, en general, el argumento en el cine de nuestros días tiende a desaparecer, oscurecido por muy diversas circunstancias:

  1. Los efectos especiales, es decir, cosas que se proyectan en las salas comerciales, normalmente en la proximidad de las vacaciones escolares, con especial predilección por las Navidades.
  2. La construcción del personaje o los personajes, que es algo que ya he comentado en numerosas ocasiones anteriores, dado que, bien sea por las dificultades presupuestarias, bien sea como una profunda tendencia actual, es una cuestión indiscutible que las acciones se subordinan a los perfiles psicológicos, incluso en películas que se prestan al desarrollo biográfico, según es el caso de Cezanne y yo (2015), de Daniéle Thmpson, que se concentra en las personales actitudes de los dos grandísimos artistas, Cezanne y Zola, más que en la reconstrucción de sus respectivas existencias.
  3. La adaptación de novelas, como la recién comentada Mudbound (2017), de Dee Rees. También podríamos hablar de adaptaciones de obras teatrales.
  4. Lo que ahora mencionamos, es decir, la fundamentación en sucesos reales o con mayor amplitud en episodios históricos, como La decisión del rey (2016), de Erik Poppe.
  5. Remakes, como la italiana Bienvenidos al Sur (2010), de Luca Miniero, extraída de la francesa Bienvenidos al Norte (2008), de Dany Boon.
  6. Sagas, como las precuelas y secuelas que están en la mente de todos.
  7. Híbridos, como On the Road (2012), de Walter Salles, que aúna las categorías 3 y 5, o El planeta de los simios, que pertenecería a las 3 y 6.
  8. Etcétera.

        Y no es que los apartados 2, 3 y 4 de la enumeración anterior me parezcan mal, es que los largometrajes se están produciendo de esta manera con argumentos donde las acciones están apenas insinuadas y eso es algo que hay que explicitar.

 55        El guion primero perdió la tilde con arreglo a las reglas de la Real Academia Española, que, por cierto, ya era hora de que lo suprimiera, y ahora ha perdido contenido, porque desde luego los guiones con gran número de eventos encadenados, los guiones factuales, son rara avis: la imaginación se contrae, pero afloran otros elementos propios de los filmes, como la fotografía o la banda sonora, particularmente importantes en el trazado de los personajes, según hemos aludido en el apartado 2. Quizá el cine necesita ser más inmediato que las novelas, cuya existencia siempre precede a los filmes y nunca a la inversa, que yo sepa; o quizá es que cada disciplina artística goza de su característica manera de narrar.

         Dentro de ese contexto, llega 55 Steps, de Bille August, como ya mencionamos, que se incluyó en la Sección Masters dentro del TIFF, con las portentosas actuaciones de Hillary Swank y Helena Bonham Carter, y que, rodada en inglés, ofrece al espectador la lucha en los tribunales de San Francisco en la segunda mitad de la década de los ochenta por permitir a los pacientes con enfermedades mentales decidir sobre su propia medicación en coordinación con el médico que les esté tratando y prohibir, por lo tanto, la administración de psicofármacos sin el consentimiento del paciente, de manera bastante brutal en ocasiones, con todos los efectos secundarios asociados a ese tipo de medicinas.

 55        Nos situamos, pues, en una película de demanda judicial, cuyo desenlace no voy a desvelar porque viene en la prensa de la época y porque no quiero estropear el final al espectador.

         Quiero concentrar mi comentario en la manera de acceder de August a una cuestión con un contenido humano tan profundo como el que se despliega en 55 Steps y ésa es ya una primera clave de aproximación a esta película: la inmensa ternura que emana sin que se despeñe por el abismo de la sensiblería epidérmica: esto no es una filmación para la televisión en las sobremesas de los fines de semana, sino una reconstrucción rigurosa de una situación que nos duele en esa inestable región donde se gestan los sentimientos.

        El título del filme alude a los 55 peldaños que ha de subir penosamente la enferma para llegar a la corte donde se determina su caso, pero con ser una historia de tribunales y hospitales, esos dos contextos apenas ocupan la mitad de la cinta, porque lo que de verdad importa a August son la vida privada de Colette Hughes, la abogada, equilibradamente interpretada por Hillary Swank, y las maravillosas inquietudes de Eleanor Riese, la, digamos, enferma, encarnada por Helena Bonham Carter, así como las interacciones personales entre ambas mujeres.

         Por cierto, que para el papel de Robert, pareja de Colette Hughes, eligió Bille August al actor belga Johan Heldenbergh, lo que sorprende en una película tan marcadamente norteamericana, y yo ya no sé si es que en verdad el compañero de Collete es de origen europeo, o si el director danés quiso darle ese toque en recuerdo de su viejo continente.

  55        Realmente, y creo que éste es el principal mérito de esta película, en 55 Steps no se busca angustiar al espectador al suspense de unas decisiones judiciales siempre inesperadas: nunca dejará de sorprendernos la creatividad de los jueces ni su particular interpretación de la vida. Tampoco se pretende conmover a la audiencia recreando la inhumanidad de una situación hospitalaria más propia de la Edad Media que de una ciudad liberal y aperturista como es San Francisco: no podemos olvidar que en esta ciudad encontró su paraíso natural la Beat Generation. Ni se buscan planteamientos sencillos que aseguren la complicidad del público.

         Lo que August busca en este largometraje es profundizar en la psicología de las dos mujeres, lo cual lo sitúa a caballo entre los apartados 2 y 4 con arreglo a la clasificación arriba expuesta, y en eso radica a mi modo de ver su principal mérito: en no limitarse a reproducir los hechos, sino aspirar a comprender el sufrimiento y la motivación de las dos mujeres: cuando se inicia el pleito, 150.000 enfermos padecían el mismo trato degradante en hospitales psiquiátricos.

         Por ello en esta producción los caracteres no son planos sino que conocen las mismas dudas, errores, contradicciones y temores que cualquier ser humano.