Enrique Gallud Jardiel – 2001, una odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick

2001

Hoy les cuento 2001,

una odisea del espacio,

un filme de Stanley Kubrick

(que me gusta un rato largo),

basada en El centinela,

un prodigioso relato

de Arthur C. Clarke, ese experto

de lo cienciaficcionado.

 

2001La cosa empieza al principio

con un tinte darwiniano

y unos monos muy astutos

aprendiendo a dar un palo

al vecino con un hueso,

que se convierte muy rápido

en estación espacial

sita, ¡claro!, en el espacio

y que está llena de armas

como bien imaginamos.

2001

¿A qué reflexión incita

este milenario salto?

Está claro: que en milenios

de evolución y gazpacho

el hombre sólo ha aprendido

a zurrar a todo pasto

y a armarse para chafar

al que esté en el otro bando.

El resto es algo superfluo

y no hace falta contarlo.

 

2001Segunda genialidad

que en esta historia encontramos:

hay en la luna una cosa

desde hace un porrón de años

y no la han hecho los hombres:

es algo interplanetario.

 

¿Conque resulta que el hombre

no está solo en el espacio?

¿Conque hay otra gente ahí fuera?

¿Conque son mucho más sabios?

Así, el antropocentrismo

queda al momento hecho cachos.

Nuestra ciencia está en pañales.

Y aún hay otro corolario:

que todas las religiones,

las fes y los credos varios

que dicen que el hombre es

el centro de lo creado

hacen, de una vez por todas,

un ridículo sonado.

2001

En el siguiente capítulo

una nave va a algún lado

y sus vagos tripulantes

pasan los años roncando.

Hete aquí que se despiertan

por un método automático

y al computador de a bordo

(que siempre les ha hecho caso)

se le ocurre amotinarse

por ver a qué sabe el mando.

Y como es mucho más listo

que todos los astronautos,

hace un rato lo que quiere

hasta que es desenchufado.

 

2001¿Qué nos enseña a nosotros

en esencia este pedazo

de cuento? Que todos quieren

ser los amos del cotarro

y que, por más que pensemos

que estamos civilizados,

hombre, máquina o tomate,

—seamos lo que seamos—

todos queremos mandar;

y el medio en que lo logramos

es usar contra el vecino

todos nuestros megavatios.

Por la fuerza nos ungimos,

por la fuerza destronamos;

si el que manda no nos gusta

le hacemos trizas el cráneo.

Así era en la prehistoria

y mucho no hemos cambiado.

2001

Ya llegamos al final,

que es un trozo complicado

de argumento psicodélico

al estilo de Andy Warhol.

La nave se acerca a Júpiter

y allí pasa algo muy raro.

2001El astronauta ve cosas

que le dejan mareado:

ve a un niño estelar; también

se ve a sí mismo, de anciano;

ve un salón casi sin muebles,

todo pintado de blanco.

En fin, ¿para qué cansar?,

parece que se ha tomado

algo de ácido lisérgico

y que el hombre está flipando.

 

¿Y cómo se explica esto?

(Ahí es donde me han pillado,

porque es que ni yo lo entiendo.

Mas como hay que decir algo

me inventaré un simbolismo

para así salir del paso.)

 

2001Pues el sentido, señores,

yo diría que está muy claro:

y es que hay cosas en el mundo

que, por más que las pensamos,

no podemos entenderlas;

es el misterio primario,

el enigma primigenio,

lo oculto, el ignoto arcano

de la esencia de este cosmos,

lo inefable, el negro manto

que cubre los mil niveles

de realidad de los actos

del universo, es el tiempo

que trasciende nuestros años,

el efluvio de lo etéreo,

el sentido de lo vago,

el numen de lo invisible,

el Ka y la sota de bastos.

2001